El sexo dura pero con el tiempo se termina

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Cuando tenemos una pareja; cuando damos por iniciada la relación queremos sexo todo el tiempo. No hay nada mejor que el placer que ella nos ofrece. Es hermosa además. Nos encanta verla desnuda, tocarla, penetrarla. Todo el mundo gira alrededor de su vagina, de su clítoris, de sus pechos rozados. De su culo en pompa y lampiño. Queremos navegar dentro de ella todo el tiempo. Nos sentimos privilegiados.

Pero en materia sexual las cosas tienden a cambiar con el tiempo. Con los años llega un momento que por más buena que esté nuestra mujer, pese a que vemos como la desean con los ojos en la calle, ya no nos causa el mismo placer de antes. La seguimos viendo atractiva, la seguimos viendo bella, nos complace saber que otro se la quisiera tirar. Nos tiramos a buscar otra relación con la que satisfacer nuestro apetito sexual, y nos vamos a páginas de citas como: https://www.websdecontactos.net/encuentroadulto/

A veces es posible recuperar esa llama y como dice la canción “se nos rompió el amor, ay de tantos años, de tanto abrazo loco sin medida” Y es que eso pasa en ocasiones, y sobre todo cuando exprimimos la atracción física al máximo.

El amor se rompe. Es verdad. Se cae. Se marchita. Y, si ya no queda aliento para el sexo, con mucha mayor razón. El amor desaparece más rápido. Se va a formar parte de corazones que le traten bien.

Pero qué se puede hacer si a pesar de todo se siente algo fuerte por esa persona. Lamentamos que ella tampoco lo esté pasando bien, porque bien sabemos que esto que se llama agotamiento. A ella también le está pasando. No quiere decir que nos rechace o nosotros la rechacemos. La relación está y es fuerte y por eso quizá ha durado lo que duró, pero llegados a este punto y sintiendo que existe la confianza y que al mismo tiempo es mutua, convendrá desde luego hablar de lo que está pasando.

Y es que son muchas las parejas que tras años intensos de sentimiento y pasión llega un momento en que se tienen que enfrentar a la ruptura. Duele pensarlo pero es así.

Ahora bien, si todavía resta algo que no ha terminado de apagarse puede florecer una pequeña llama de sexo, lo más probable es que surja nuevamente la conversación pero puede darse el caso de que al poco tiempo se apague nuevamente. Y es que si no sabemos entender los pasos por los que atraviesa nuestra relación no podremos hacerla que dure más.

Ambas partes tendréis que sentaros y decir qué es lo que queréis y si eso será sincero y beneficioso para la pareja. Si habláis con sinceridad quizá vuestro amor pueda pasar a otra dimensión pero si no lográis establecer un vínculo nuevo quizá ya no queda nada más que deciros adiós.

La separación viene bien en algunos casos. Hay quienes banalizan el tema y aseguran que se trata de un mal negocio, pero no hay nada peor que vivir con alguien a quien ya no se ama y con quien hacer el amor ha perdido emoción.

Cuando Flirtear con amigas se vuelve un juego interminable

flirtear

Nunca sabes lo que puede pasar por eso tal vez no esté tan mal flirtear con algunas amigas, es quizá también una forma de tantear si alguna quiere o no quiere, si quiere sigues adelante hasta donde ella te lo permita si no quiere lo mejor es darte cuenta antes de que te equivoques y pases un mal momento.

Pero si lo que quieres es despertar interés en alguna de ellas puedes acudir a varios métodos, tal vez funcione que muestres interés en ella, que lo note y luego das un giro radical como si más que interesado la rechazaras, de esa forma conseguirás desconcertarla, trátalas como si fueran tus hermanas, pícalas, hazlas reír, verás que les encantará esa situación y estarás con todas al mismo tiempo y serás la envidia de aquellos que se les acercarán sin conseguir nada a cambio.

Flirtear con amigas no es que sea malo pero se convierte en algo incómodo si ya tienes una pareja o si hay alguien que está interesado para una relación con una de ellas. A tu pareja le costará acostumbrarse a que tonteas con algunas amigas. Se lo tendrás que explicar para que sepa que son tus amigas y no hay nada entre tú y ellas aunque a veces todo no hace más que indicar que sí hay o que hubo pero es algo de lo que nadie habla.

Es difícil de entender que haya gente a la que el flirteo no le deje de atraer. Y es que es una especie de juego de seducción permanente entre amigos y amigas y donde hay intereses poco explícitos tal vez o que se expresan de una forma poco clara y que en el fondo representan ese deseo de querer estar al lado de uno por un tiempo determinado.

Sin embargo no deja de ser una ventana abierta a otras posibilidades y es una buena forma de saber si puedes ir más allá cuando tratas con una amiga, aunque también puedes hacer del flirteo una forma de comunicación constante, una manera de estar en el mundo lo que a veces también se malinterpreta pues se piensa que todas las personas que flirtean lo hacen con una finalidad sexual cuando ocurre a veces que es todo lo contrario. A veces es una manera de ganarte el cariño y el aprecio de la otra persona, la necesidad de despertar un grado mayor de confianza y no por eso se debe pensar que quieras ir más allá.

Tener novia y seguir flirteando con algunas amigas es una forma de estar en el mundo. Una manera de sentirte libre. Dependerá también del grado de confianza que tengas con tu pareja si la tienes, para que quede claro desde un principio que estás conversando con tus amigas aunque la palabra correcta sea flirtear.

No lo tomes a mal muchos y muchas flirteamos a veces sin darnos cuenta. A veces porque estimamos a las personas y en otras ocasiones porque tenemos un interés que irá despertando en la medida de la otra parte también despierte, entonces pasará a llamarse de otra manera.

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El matrimonio para toda la vida…no siempre dura igual

boda para toda la vida

Las relaciones en la pareja son más frágiles y flexibles en estos tiempos. En el siglo pasado que no nos queda tan lejos los matrimonios duraban para toda la vida. Venía a significar una especie de vida eterna entre dos personas que se juran lealtad y confianza, sin tomar en cuenta que la confianza a veces se termina por perder y que las personas se terminan por cansar de vivir en pareja. El matrimonio lo aguantaba todo. La mujer era abnegada. Debía escuchar al marido que traía el dinero a casa y su casa, la casa femenina quiero decir, estaba resumida a las paredes del hogar pero sobre todo a las paredes de la cocina. La mujer aguantaba al marido y el marido aguantaba a la mujer.

El matrimonio duraba para siempre y se convertían los protagonistas en una especie de héroes de la humanidad que daban ejemplo a los hijos y ejemplificaban de igual forma los distintos roles que se debían cumplir en la sociedad. El matrimonio era aquella nueva vida que prometía amor incondicional para al final terminar aborreciendo al amor en silencio, traicionándolo y reprochándotelo también en silencio porque nada estaba hecho para cambiar. A nadie se le ocurría el divorcio por el qué dirán.

Los matrimonios duraban hasta que la muerte los separe. Pero todo eso ha cambiado ahora. Y es que los matrimonios de ahora son una suerte de laboratorio donde cada uno juega un rol en específico, donde está de por medio y permanentemente en cuestión los espacios y roles. Es evidente que los tiempos han cambiado y tanto hombres como mujeres se casan pero esos grados de abnegación y fidelidades tormentosas ya no existen. Y aunque siguen existiendo los mismos juramentos, aunque se siguen manteniendo los distintos tipos de protocolos de años atrás, la ruptura está a la orden del día, se han incrementado una serie de abogados que te resuelven el idilio en un pis pas y nadie se muere. Nadie llora la ausencia del uno o del otro porque siempre quedará una nueva oportunidad. Cierto es que quienes vivieron los matrimonios de largo aliento ven como algo que a ellos les parecía casi imposible por el qué dirán de la sociedad, en la actualidad es un trámite que puede durar incluso meses. La gente se divorcia y así como se divorcia se vuelve a casar.

Y es que en ese camino de espinas que es la búsqueda de la felicidad ahora cabemos todos, es algo así como una especie de mercado donde cada uno parece haberse convertido en un producto vendible. Así pues el matrimonio es parte del mismo: un contrato con fecha de caducidad, un trámite que para algunos ni siquiera ya resulta interesante, y aunque sigue teniendo la validez sentimental y aunque la gente se sigue diciendo te querré para toda la vida se entiende pues que es tan solo un juego de palabras reemplazables como aquella persona de la que un día elegimos no saber más.

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